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a) Proemio

UN REPASO ARQUETÍCO

Por Alfonso Naharro i Riera

La historia de nuestra conciencia inmediata es muy reciente comparada con el tiempo que llevamos los homo sapiens dando patadas en el Planeta, a lo más que llegamos de memoria trascendental y como mucho no supera los diez mil años. Todos los cientos-miles ¿millones? de años anteriores son más o menos rústicos, rupestres, de subsistencia y con sociedades muy limitadas que como dice el refrán “ancha es Castilla y desiertos nos rodean”. Sin embargo a finales del Mesolítico debió ocurrir algo que hizo acelerar los tranquilos devenires de aquellos simples cazadores con armas de sílex y palos afilados -o con los cuernos mi capitán- sin otras preocupaciones que no pudieran solucionarse con estacazo al bicho o apañando los ricos frutos que Natura va soltando cíclicamente. Las transcendencias de aquellos tal vez quedaran en el arte rupestre figurativo de las cuevas y quién sabe dónde más. Algo ocurrió que aceleró su evolución mental, tal vez todo empezara con el despertar artístico del Hombre antiguo.

El Paleolítico realmente se acabó con la última glaciación, el periodo siguiente (posglacial, mesolítico) sirvió para formar especialmente al nuevo hombre engendrado por el caos geológico y los resultados del supuesto naufragio de una civilización superior (dioses, súper hombres, cíclopes y demás seres mitológicos del Santoral), los hielos polares comenzaron a fundirse ¿por el hundimiento de un gran continente habitado en medio del atlántico? ello hubiera permitido que las corrientes cálidas del golfo de México llegaran a Europa fundiendo glaciares… ¿sería entonces cuando subió el nivel de los mares separándose Europa de África, comunicando Mediterráneo con Atlántico?, ¿el golpe simbólico de Hércules y las dos legendarias columnas significarían este suceso?.

Este continente hundido conocido como La Atlántida está cantado de mil maneras en las viejas crónicas de iniciación platónica, repetido en las tradiciones euroasiáticas de diversas maneras. Platón narra cómo alimentó su conocimiento en Egipto que fue donde se recogieron los arquetipos de una cultura muy avanzada, quién sabe si no fue esta mítica civilización, sobreviviendo en su diáspora y representada en los grandes templos pétreos como una consecuencia de la diáspora atlántica de donde aprendería el hombre, de la vieja piedra, parte de un misterio cuya totalidad sigue escondido en pirámides, dólmenes y menhires, figuras esquemáticas grabadas o pintadas y en las infinitas maneras que el animal humano ha ido descubriendo para mejor contarnos su cuento.

Súbitamente la civilización humana mutó aumentando su conocimiento. Hace ocho mil años o poco más que comienza a desarrollarse la agricultura y la ganadería familiar, especialmente en los dos extremos de aquel microcosmos: Oriente Medio, valle del río Indo y Mesopotamia por una parte y en el occidente y centro europeo por la otra (parece ser que Oriente comenzó antes su desarrollo pero la chispa corrió de parte a parte y en el medio al Sur quedó Egipto como templo universal y eje del Conocimiento).

Rápidamente se descubren los metales que ponen fin al Neolítico; en ese momento es cuando aparecen los grandes monumentos pétreos antes referidos, hace poco más de cinco mil años que este humano moderno influido por una chispa nueva empieza a trabajar el cobre, descubren seguidamente las aleaciones y se les ocurre mezclarlo con estaño, zinc, plomo… sacando materiales más duros: bronce, latón, orikalco… y de ahí a la bomba atómica un paseo militar.

Con el preciado oro y la popular plata comienza la facturación de lo manufacturado, instrumentos de trabajo, útiles para el hogar, armas y adornos, caballos con todo tipo de arneses, se inicia un supermercado ambulante que será causa de mamporros y cánticos funerarios frente al dominio del que más puede y más tiene. La humanidad creció y empezaron a disputarse espacios… Después el paso del Bronce al Hierro sería aun más rápido y ya nada pararía a la Humanidad pues la chispa, su incremento, era logarítmico.

El Hombre necesitaba algún freno que limara defectos, defendiera el territorio et cuidara su alma y la propiedad de la tribu por encima de cada uno de ellos. Esa fue siempre la misión que ejercieron los hombres santos verdaderamente sabios o viceversa, su magia daba fuerza al grito de: Quien medita cae menos veces en el error, y les recordaban por medio de una letanía ancestral los misterios fundamentales, el camino a seguir para la convivencia, la estrategia del grupo y la trascendencia espiritual.

El culto a la muerte alcanza un esplendor especial en el megalitismo, los grandes hombres de esta época serán enterrados en recintos construidos a base de bloques enormes de piedras (ortostatos) que decoran con pinturas y grabados esquemáticos representando figuras humanas, soles, cruces, figuras geométricas y cazoletas, algunas de ellas se unían con surcos o líneas halteriformes: estas manifestaciones encerraban la conexión con sus ancestros como genios protectores y con las deidades de la vida: El Sol y la Tierra.

Generalmente los dólmenes tenían una cámara central formada generalmente por siete o nueve ortostatos (pocas veces más de nueve) que se unían por un corredor de trilitos y todo soterrado por un gran túmulo, algunas cámaras centrales eran tholos (falsa cúpula) supliendo los ortostatos; en el caso pitiuso del dolmen de Ca na Costa en Formentera son siete ortostatos los que forman la cámara central. Un ejemplo muy conocido de cámara con tholo es el dolmen del Romeral en Antequera. En Extremadura a los tholos les llamamos zahurdones o chafurdones y aun perviven, son una auténtica conexión con el arquetipo que necesita capítulo aparte.

Pero todas estas figuras decorativas no eran exclusividad de los monumentos funerarios extremeños o portugueses, también se encuentran en abrigos y cuevas de Ibiza como es el caso de las pinturas en sa Cova d´es Ví por Ses Fontanellas (Cap Nunó en San Antonio) o los grabados de cazoletas que recientemente hemos descubierto en San Lorenzo cuya noticia se dio en el diario El Mundo (edición de Ibiza y Formentera) del 26 de diciembre pasado. Las cazoletas ibicencas enlazan perfectamente con las extremeñas pues Ibiza es una consecuencia de Iberia, no en vano hoy día, y siempre, está y estuvo en el rol de los pueblos de España; además Formentera como España también se llamó Ofiusa.

En un castro extremeño de la Edad de Hierro (La Coraja de Aldea Centenera, Cáceres) que descubrimos hace treinta años recogimos una cerámica pintada en rojo, el motivo era un guerreo ibérico con su falcata y a caballo que entregué al Museo de Cáceres… posteriormente aparecieron siete ortostatos colocados en un zócalo, el castro había sido excavado por un arqueólogo imprudente que no le dio mayor importancia a las siete lajas de pizarra a pesar de los grabados de cazoletas y pinturas rojas con que estaban decoradas. Después se supo que formaban parte de una habitación cuadrangular, reaprovechadas y respetadas como parte del culto a sus ancestros: El arqueólogo Antonio González Cordero se percató de los grabados, los analizó y descubrió que pertenecieron a la cámara de un dolmen situado en la proximidad, seguramente ‘in situ' por el material que encontraron, puntas de sílex y otros elementos típicos de esta cultura.

En una de las siete lajas de pizarra (ortostatos) se puede ver un sol, cazoleta con rayos, muy parecido a uno los grabados antes citados de San Lorenzo (San Juan, Ibiza). Los ortostatos de La Coraja están publicados en: “ Cuaderns de Prehistoria i Arqueología de Castelló (diputació de Castelló, nº 22 de 2001)” y ello ha sido una nueva brisa de conocimiento para el estudio de los grabados anteriores al Hierro en España donde las cazoletas sobrevivieron al dolmen y a los ancoriformes como veremos. Las gentes que habitaban La Coraja en la Edad del Hierro respetaron estas piedras pues ello les daba real reconocimiento de propiedad, el culto a los ancestros no se había roto a pesar de las diferentes gentes que habitaron allí, su respeto les daba fuerza ante cualquier avatar extraño, eran los sucesores pues recogieron la antorcha Divina, algo que es una constante en el Hombre, el arquetipo que hace crecer a la Humanidad. Por eso la única nación es el Planeta al tener sus pueblos un árbol social común, de raíces ancestrales. Seguro que hay cazoletas en los Andes y hasta en la isla de Pascua.

En la Dehesa de Arriba (Perales del Puerto, Cáceres) Javier Crespo se encontró un ídolo fálico con serpientes y cazoletas, también se conoce un ara de sacrificios u ofrendas que semeja una gran serpiente enroscada al altar. El yacimiento peraliego conserva restos arqueológicos muy antiguos donde es latente el culto a la serpiente, el ídolo es un claro culto a la sabiduría y a la procreación; estas gentes muy bien pudieran ser los sefes o mejor los dragones que habitaban junto al ágil lucio (lusitanos) aquellos que cita la Ora Marítima de Avieno, los Serpientes ¿proto-celtas? superpuestos a los autóctonos del megalito: “Ofiusa presenta un flanco tan prominente hacia delante... Al principio se la denominó Estrimnis, y los habitantes de estos lugares y campos eran los estrímnicos (de ahí vienen seguramente los nombres de la Estremadura portuguesa y la Extremadura española) ; posteriormente una plaga de serpientes puso en fuga a sus habitantes y logró que esta tierra quedara despojada hasta de su propio nombre…” es por ello que los griegos denominaran a Iberia y a Formentera como Ofiusa.

Otro grabado con una cazoleta que se repite es el conocido Triple Recinto o Alquercus, se trata de tres cuadrados concéntricos con una cazoleta en medio y cuatro cortes en cruz uniendo los cuatro grupos de tres lados sin llegar al centro. El más espectacular grupo de alquercus lo vemos en una roca horizontal ligeramente inclinada, extramuros del castro de la Villeta y junto al mismo río que baña La Coraja (río Almonte) pero mucho más abajo, a siete leguas por lo menos y ya en término de Trujillo. Este castro tiene 1.400 metros de cerca, en las hiladas de sus murallas se ve la variedad de pueblos que se refugiaron a su abrigo. Aparte de los grabados recuerdo unas tablillas rectangulares de pizarra poco más grandes que la palma de la mano con dos filas de cazoletas…

Los grabados de triple recinto hoy forman parte de los Juegos Reunidos, juegan dos con nueve piedrecillas cada uno, unas blancas y otras rojas. Se trata de hacer tres en ralla para quitarle una piedra al otro y así hasta quedarse solo en el tablero. Los grabados de la Villeta son anteriores al castro y también forman parte del mundo ancestral, en Escandinavia se conoce el juego desde siempre y en su lengua lo llaman el Molino. En tiempos de Roma o en el Medioevo, romanos, árabes y cristianos lo usaban, era un juego corriente en casas y calles.

A finales de la Edad del Bronce llegaron unos pueblos pastores y guerreros batiéndose con los autóctonos, militarmente primero y socialmente después, de ahí las armas representadas en sus estelas funerarias: espada y alabarda añadiendo la figura esquemática del guerrero con la misma forma de los ancoriformes rupestres que vemos en dólmenes y abrigos, un carro, fíbula para engancharse la capa, espejo para comunicarse y sobre todo el escudo de círculos concéntricos con escotadura en V. Son las Estelas Extremeñas del Sur-Oeste que publicara M. Almagro (padre) y de las que tengo la suerte de haber localizado cinco, una de ellas impresionante, la de Zarza de Montánchez. Paralelamente a las estelas guerreras, vemos las estelas ídolos que representan un busto femenino grabado, tocado y también esquemático, sus enterramientos eran como pequeños dólmenes con cámara ortostática, la estela cerraba el pequeño corredor de la tumba. En Hernán Pérez (Sierra de Gata) aparecieron unas diez estelas entremezcladas de guerrero e ídolo. Estos guerreros tienen la misma dispersión que las esculturas zoomórficas (berracos, toros), seguramente habitaron en los castros fluviales moviendo el ganado desde las sierras de Ávila a las mesetas extremeñas y cordobesas, hay una hermosa estela en Ategua (Córdoba) que publicara por los años 70 mi gran amigo cordobés, y maestro, Don Juan Bernier Luque (d.e.p). La más lejana está en Francia y otra se encontró en Zaragoza, claro camino seguido por estos pueblos.

Cazoletas conocemos en Europa continental e insular, Sudáfrica, norte de África, Islas Canarias y en toda Iberia. Las hay de todos los tiempos, desde el Paleolítico hasta nuestros días; en la India hay sitios que hacen sus oráculos echando agua en las cazoletas y en la forma como discurre por los surcos interpretan la respuesta de los dioses y es que las cazoletas están relacionadas con el agua como sangre de la Madre Tierra que es el verdadero grial.

En la basílica cisterciense de Santa María la Mayor de Trujillo (siglo XII) hay un grabado de surcos que rematan en once cazoletas partiendo de otras tres en su base, lo interpreto como un Árbol de la Vida esotérico, con once bautizos iniciáticos sobre las Tres Columnas, los tres aspectos, y está situado en uno de los tres lados exteriores del viejo y duro baptisterio de granito, en los lados restantes hay dos cruces del Temple: 3, 4, 7 y 12 encierran al no representado y esencia del Árbol, al 11, ‘el oculto’, antes del 4 y después del 3… el Todo marca los 44 pilares del Universo.

Lo curioso de semejante baptisterio fue que razones desconocidas suspendieron su función original de bautizar a los neófitos, esto ocurría en el año 1550 haciéndose otro baptisterio de nueva bendición y totalmente intruso. Apeado de su basa sigue arrinconado en el interior de la nave, junto a la puerta de Poniente y bajo sospecha, seguramente de herejía. El milagro fue que no hubo manera de sacarlo a la calle ni se le echó jamás agua bendita. Aunque la Iglesia lo ha ignorado ahí queda retando su verdad y destellando en plena oscuridad. El problema de estos tiempos es que estamos perdiendo los arquetipos, no sabemos a donde vamos porque hemos olvidado de donde venimos.

Las Cazoletas son grabados primigenios y debe ser cierto, pues se mantienen como elemento común en una amplia geografía. Esperemos que la Humanidad no pierda sus arquetipos ni la llave del cofre.

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