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Viriato

Por Alfonso Naharro i Riera

Las yeguas preñadas por el viento
subían la colina.
A la grupa, caballeros de vestidos negros
con sus capas encubiertas por la noche.
Brillaban las falcatas por la Luna
sobre el templo de la Diosa
preparando la batalla.

Sonaban los tambores y los cuernos 
llamando al guerrillero:
¡muerte al intruso! predicaban gritos.

La "madre nutricia" abría sus caudales
repartiendo generosa los poderes 
al amante orgulloso encabritado y fiel
buscador de justicias que faltaban
raptadas por tiranos de otros mares.

Cabalgando por dehesas y brezales
por aquí y por allá en la encrucijada
van juntas las partidas al galope
juvenil esperanza a toda prueba
incansables y madurando lides agridulces.

Así se agrupan sin cejar en mientes
los mozos de los castros lusitanos
los vettones, celticis y betures...
todos aquellos que esperan sin descanso
salvar la Patria de agresión intrusa.

Pisan sedientos de esperanza los caminos 
salvan ríos y montañas conocidas
hacen leguas y más leguas sin resuello,
tienen prisa
mucha prisa de ajustar
las cuentas de su honor pisoteado
al romano forastero ue ha invadido
su tranquilo y cotidiano hacer Hispano.

II
Arriba en la montaña, frente al Betis,
el gran río turdetano conquistado,
tierras del Tarteso enmohecido
donde antaño sucieran factorías
se esconden lusitanos y caballos.
Allí, sobre los montes de Beturia
prepara el guerrillero sus defensas
se huelen las legiones dep pretor
ambas fuerzas van enloquecidas
el general Galba parte hacia el horror.

Quinientos estadios para en corto tiempo
topar la bandiodo guerrillero
la partida celosa de lo suyo
que destrozó al romano.
Siete mil legionarios tropezaron con la parca,
los demás,
corrieron al refugio sin parar
pasando el río hasta la bética Carmona.

Lúculo el Cónsul descansaba en Córdoba
después de su traición a la Coca segoviana,
asesinato impune,
cuando enterose del desastre del colega,
que con el rabo entre patas forajidas 
asistado le enviaba su legado,
el cónsul citerior muy indigando
organizó una razia a sangre y fuego
arransanso las tierras lusitanas.

Entre tanto la guerrilla como antaño,
intentaba saltar a Tingitanioa.
Pero Galba repuesto de hombres y armamento
no del susto
aprovechó la coyuntura en el Estrecho
exterminado a las mermadas del indígena
que atravesarlo quería con sus restos.

III
Pocos quedaron de tan terrible evento,
pero aún así, el general diose con cantos
de sirena mentirosa.
Parlamentó con ellos difranzando
sus pérfido preparos con promesas
totalmente incumplidas
de tierras, paz y prósperas riquezas.

treinta mil lusitans acudieron
desde sus lares con familias al trabajo
como moscas al pastel envenenado.

En tres partes dividió sus ilusiones
desarmándoles, pues ya
-les dijo-
no hacen falta las falcatas 
ni el cuchillo en la labor
pues la tierra
solo arado y zacho necesitan.

Ingenuos creyeron la palabra dada.

Galba al verlos indefensos,
presto,
a cuchillo atravesó la mayor parte
(que no valían al negocio).

Mujeres, niños y ancianos sucumbieron
como objetos inservibles,
tan solo a los jóvenes vendieron 
como esclavos en la Galias.

Mil conseguieron escapar de la traición
mil factores de un producto en grito
que por mil multiplicarín la venganza
entre ellos potenciaba el gran Viriato
aún desconocido
a la revancha.

IV
Entre tanto en Roma está el Senado
que reunido pone en balanza al general.
También Lúculo tiene al peso su maldad
y escapó del castigo por dinero.
Pero Galba acusado por Catón
y por Calpurnio (senadores ciertos)
hubo de liberar a los que esclavos lusitanos
vendidos e indefensos fueron.
Ahora justicia hallaron del consenso
senatorial, no tan malvado.

Un nuevo pretor llega a la Bética
-en el ciento cuarenta y siete antes de Cristo-
Cayo Vertilio, grueso y viejo
muy astuto
de nuevo hizo sangrar al lusitano
con diez mil legionariso de refresco
-los cercó en un lugar de Andalucía-
situación difícil por el hambre
que agotads las reservas de moral
desesperado
ante el futuro oscuro de su pueblo
a punto estuvieron de repetir historias
y hacer caso a cantares de sirena
aún a costa de perder la gloria.

Pero Viriato con acierto
gestoles que morir
por morir no viene a cuento
que siguiendo sus mandatos vivirían
y saldrían del aprieto.

V - LA ESTRATEGIA DE VIRIATO
Eligió a mil jinetes de los restos
a sus órdenes directas.
A los demás les dijo que rompieran 
aquel cerco
cuando él y sus jinetes atacanran
directamente al pretor,
despistarían así a los demás romanos
que al ver a su jefe en perdición
para ayudarle
romperían la estrategia.

Que aprovecharan la ocasión
y sin mirar atrás marcharan hasta Tríbola
a esperarle
y allí les daría nuevos consejos.
Así ocurrió, pues las legiones,
al ver al general en tal apuro
abandonaron su puesto a defender
a Vetilio de Viriato
que atacando,
retirándose y volviendo
supo distraer
mientras su gente
pudo escapar hasta la cita dada.

Viriato al ver a salvo a su guerrilla
supo a la vez largarse con acierto
hasta Trivola
despistando como pudo al enemigo
que insistiendo le seguía
aunque no pudo alcanzarle.

Vetilio persistió seguro de su fuerza
mientras Viriato llegaba a su destino
fresco y satisfecho en su elemento equino.

Su arribada a Tribola
gloriosa
fue saludada con vítores al jefe,
que no paró en vanidades
organizándose de nuevo la partida

VI
Tendió en un bosque la celada
con sus mil guerreros
más delante sus hombres en los canchos
vigilaban esperando el paso cierto
y los mil jjinetes obligaron
al romano a dar el pecho, de lata.
Al entrar las legiones por el paso estrecho
volvieronse Los Mil atacando tunos
al estúpido traspiés que dió Vetilio.

Los romanos cayeron el tierra como chinches 
de todas partes les llovía matanza
los guerreros agitaban sus melenas dando gritos
irrumpiendo los que estaban al acecho
por todos lados las falcatas desangraban
y hasta el viejo y feo general romano
pareciéndole a un guuerrero despreciable
lo mató y punto final
de la contienda en triunfo.

De diez mil, seis mil pudieron escapar 
-dicen las fuentes- que a Tartessos,
donde reinó el más anciano rey
de los reyes españoles
(Argoantonio hasta su muerte
vivió ciento cincuenta años)
aunque otros dicen que a Carteya
-que así se llamaba entonces Algeciras-.
El Cuestor de Vetilio organizose
encerrose y miró por las murallas
envió cinco mil contra Viriato
de Totos y Belos vendidos al romano
pero ninguno quedó para contarlo.

Así pagaba Viriato la traición a España.

Por todas las tribus la esperanza
resurgió contra el romano impío
los lusitanos arbitraron la contienda
y castigando duro a los traidores.

VII
Dice Diodoro -el griego histriador-
de las razones tan certera del caudillo
hablando a los túrdulos de Tucci
que fueran listos, no ocurriera
como auqel que se casó con dos mujeres
uma vieja y otra joven.

La más anciana le arrancaba sus cabellos negros
y la más joven le espulgaba bien las canas
al final calvo quedose
por servir a dos señoras.

Aquel destino esperaba a los de Tucci
pues los dos bandos mataban al contrario
y pronto solitarios quedarían
aquellos lares indecisos.

De la Bética subió a la Carpetania
devastando bien a los vendidos
que llamaron en su auxilio a Cayo Plantio.
Recién llegado de Roma
con diezmil infantes
le asistían trescientos caballeros.

Acudió a la llamada presuroso
atacó fuerte al guerrillero
que cual siempre
simuló la retirada.
Plantio le azuzó cuantromil hombres
persiguiendo sudoroso a Viriato
que volviendose de golpe los mató
sin ningún trato.

Pasaron los guerreros el río Tajo
y acamparon en el monte de Afrodita
entre olivos aguardaron el descansando
y vigilando celosos la acampada...
hasta allí llegó el romano con sus huestes
ceporro, a resarcirse del desastre.

VIII
No tuvieron suerte en la contienda,
los romanos,
a escape sali eron de la selva
y en desorden total se disgregaron...
aún les están buscando.

Viriato al ver el campo despejado
siguió predicando la revuelta,
y desobediencia total a lso romanos
-dicían los cantares de la gesta-
Después de expulsar para la Bética
al italiano pretor despanzurrado 
se hizo amo de la Mancha y los molinos
como rey de los mesones castellanos
y Baratarias mil.
Nunca le faltó ni el queso ni el buen vino.

Cómo sea que en Segóbriga d udaban
por sorpresa se coló hasta la cocina
les dió sopa con honda y buen jarabe
de palo de encina envenenada.
De seguro no faltó quien le ayudara,
pues siempre haydescontentos del vecino
lo que fuera o fuese no me importa 
el caso es cierto
que el banderín de enganche a toda España
se proclamó por extremeños lusitanos
en la tierra antes llamada Carpetania.

Caludio Unimanio se mosquea
pues es jefe romano que hay al norte
gobernador citerior cual su colega
Cayo Plantio de la vega en la Ulterior
al que nunca más veremos de rondón.
Pues como digo el Unimanio está furioso
tiene tanta gente -más o menos como el otro
el andaluz citado-
y aún así la afrenta no se borra
pues derrotado y gachas las orejas
se tuvo que largar a Tarragona.

IX
Más que pánico, acojono,
sintieron los romanos de Tarraco
pues logrando rodear a un lusitano,
solo a uno y despistado,
una banda de jinetes invasores
éste a un jaco ensartó matándolo de un lance
y a otro equino cortole con falcata lacabeza
de un buen tajo
que hizo huir horrorizados
a tan seguros victoriosos luchadores.
El guerrillero tan tranquilo
con desprecio
marchose en buena hora
a seguir con su trabajo de limpieza.

Viriato confiscó al Unimanio
después de aniquilar casi a la tropa
las togas y las fasces cual banderas
que bien visisbles colocó 
sobre una encina
en las montañas de su tierra.

En Roma al enterarse deesta historia
se les cortó la fiesta por Cartago
que en el ciento cuarenta y seis antes de Cristo
destruyó Escipión el Emiliano.
A su hermano Quinto Flavio le enviaron
a enderezar los entuertos de la España
donde llegó con quincemil de la legión,
su decena de elefantes
y dos mil de a caballo en plan campestre.

Pocos eran amén de bisoños y novatos
-dice Apiano- que el desgaste fue muy fuerte
exaustos con la guerra de Cartago
la de Grecia y Macedonia...
no había gente
que quisiera ver su tipo en esta tierra.

X
A pesar de los pesares llegó el cónsul.
Ya no privan los pretores en Hispania
con su tiempo limitado a solo un año.,
Quinto Fabio doblaría su contrato
con dos años consulares a su cargo
viendo al paso si pudiera conseguirse
cortar la cabellera al enemigo vanidoso.
Religioso y piadoso, de romero, se fue a Cádiz.
No quería batallar al buen tuntún
y el asunto yano estaba de cajón.
Fue por mar por si las moscas
con tanguillos, en el templo se coló
frente al Hércules dejado por Cartago
le cantó esta canción:

"Aquellas bolsas preciosas
que tanto en Gades dieron que hablar
primero fueron fenicios
después los cartagineses
ahora llegamos nosostros
esto no se "pue" aguantar.

Allí fue media Iberia
trapicheando
jodieron a Tartesos todo el negocio
del contrabando,
por eso yo te canto
divinidad
mantendremos tu culto
hasta el altar.

Aquí estamos romanos
yo no hay cartagineses
somos los nuevos amos
de la urbe imperial
te tremos regalos
jamones y nueces
ciudadanos hicimos
a los de tu ciudad.

XI
Allí fue media Iberia
trapicheando
jodieron a Tartesos todo el negocio
del contrabando,
por eso yo te canto
divinidad
esta historia comienza 
desde tu altar".

Después de orar al dios cartaginés
dedicose de lleno a la estocada y lanza
enseñándoles bien a sus bisoños.
Advirtiendo los peligros de esta jungla
y recordando tristes experiencias olvidadas.

Un buen día
malo para ellos - los pobrecitos-
salieron ala leña descuidados
-dice Apiano- que Viriato mató a muchos
llenando de pavor a los demás,
aún así
y persistiendo el romano leñador
planteó a la basca en plan batalla...
nuevamente sufrieron descalabro.
Qué lento es aprender haciendo escuela
tener que dejar de salario buen botín
y encima, jugándote la vida a cada rato.

A partir de entonces se acabaron de enterar
y no del todo
saliendo y los conboyes bien al loro
defendidos por escoltas rigurosas
de jinetes y otras sopas
ondulando al viento los trigales.

XII
Cuando pasó el invierno
-casi al año-
Hércules pagó el tanguillo al Quinto
a costa de Viriato
que mordió un poco el polvo soberano
perdiendo dos de sus ciudades 
una a saco y otra ardiendo.
Quinto Fabio fue el segundo 
que le puso en fuga
acosando al lusitano en un castillo
llamado de Becor, Baecula o Bailén:
murieron cantidad de hispanos.

El siguiente invierno en Córdoba lo pasa
que a lo que se ve de moda estaba
esperando el relevo para enero.

Viriato ante el revés
que le aflige el consulado
pasando de Córdoba a Bailén
marchó a reponerse por la Sierra
Morena y extremeña de Beturia
y un poco Oretana.
Desde allí prosigue preparando la revuelta
y a su vuelta
contra Quinticio y Pompeyo
pretor sustituto en Citerior el primo
que el segundo ahora es cónsul Ulterior.

De nuevo la estrategia se repite contra Quinticio
que creyendo chupada la batalla
y a punto de ganar
persique a Viriato hasta su monte de Afrodita
y el caudillo sorprendente da la vuelta
eliminando a mil romanos descuidados.

XIII
Otra vez con las fasces en bandeja 
los persigue ahasta el sur
y devastando
cortael paso Citerior al general
que en Córdoba se queda con los restos
dejando a Cayo Marcio
-un hispano renegado-
papeletas y mal gesto.

Viriato marcha a Itucci con su gente
a expulsar la guarnición de los romanos
castiga a los t raidores bastetanos
que con Fabio habían casado sus terrores.

Libre al norte de la Iberia sin legiones
convencen al fin a los celtíberos
Arévacos, los Titos y los Belos
que también en armas
contra Roma arrancan
y otro frente de batalla le presentan.

Al fin el lusitano ha conseguido
que la razón arranque en toda España.
Numancia comienza un camino heróico
en el ciento cuarenta y tres antes de Cristo
y así diez años más.

El senado romano clama a dioses y guerreros
ven la gravedad terrible y cierta
y deciden dar un tajo por lo sano
mandando a la Ulterior el nuevo cónsul
un Escipión y como tal, especialista
en asuntos españoles de aguas fuertes.

Quinto Fabio Máximo Serviliano
es el nombrado y adoptivo hermano
de aquel otro Fabio Máximo pasado
religioso y herculano del tanguillo.

XIV
El nuevo cónsul con dieciochomil infantes,
diez elefantes de Numidia
y caballeros africanos bien curtidos
-mil seiscientos jinetes-
marcha a liberar
-según se mire-
con parte de su ejército
a la aliada Itucci
-hoy Martos en Jaén-.

Con gran estrépito y clamor salen al quite
sueltas las largas greñas de sus testas
que sacuden al viento en libertad
causando pavor y no intimidan
esta vez a los romanos que resisten
rechazando a la guerrilla sin posibles.

Llegan refuerzos al romano airado
-el resto, dice Apiano-
además de l elefantes del Numida
y trescientos jinetes africanos.

Quinto Fabio puso en fuga al lusitano
pero no supo mantener orden y fuerza.
Percatado Viriato
como siempre gira en seco
y cambiando las tortas
a cerca de tres mil romano mata
encerrando a los otros en su base militar
como conejos, en su propia madriguera.

Lanzose el español sobre el romano
que atrapados buscaban refugios como topos
y a duras penas 
sacados de la gruta por sus jefes.
La noche les salvó, aunque Viriato
más ágil a oscuras que el romano
encerrolos in Itucci.

XV
Como sea que faltaba la comida guerrillera
y muchos de sus hombres eran muertos
Viriato incendió por la noche el campamento
marchando con su gente de regreso a Lusitania.

Serviliano no le sigue en la escapada
que practica represalias en Beturia.
A saco se pasó cinco ciudades
aliadas de Viriato.

Bajó el romano después a castigar
contra los Cunneos
-hoy al sur de Protugal-
subiendo después por Lusitania
buscando a Viriato en retirada.

En estas al cónsul despistado
le atacaron Curio y Apuleyo
-dos paisanos lusitanos-
con diez mil hombres que luchaban
por su cuenta,
le robaron el botín.
Curio cae en el combate
y ya después 
el romano recupera sus rapiñas.

Más tarde tomó Iscadia, Gemela y Obolcola
-ciudades defendidas por Viriato-
saqueó otrasy algunas perdonó.
En total pilló cautivos diezmil hombres.
Descapitó quinentos entre ellos
vendiendo el resto en los mercados.

De camino apresó a un tal Connoba
-otro jefe de partida-
después lo liberó...
y cortó las manos del resto
de la gente del bandido.

XVI
Persiguiendo a Vieriato cercó Arsa
(por tierras de Azuaga o de Llerena)
Viriato entró de noche en la ciudad
y al alba, sorprendió tranquilamente 
a los que trabajaban en el cerco.
Derrotó al pretor
le puso en fuga
le acorraló en un lugar muy escarpado
y sin escape al invasor
pactó de grado.
Obligando al general
a declararse amigo de Viriato
jurando respetar
las tierras de su gente.
Viriato al fin consigue dignamente
cambiar los hilos negros de la historia
pero poco han de durar entonces
aunque así se rebajan bien los humos
que enfriar la prepotencia, sirve mucho
al respeto y dignidad de nuestra España.

Así pareció terminar la guerra de Viriato
pero laperfidia nida en el soberbio
Servilio Cepión y nuevo cónsul
elegido
además relevo de su propio hermano
impugnó el pacto como indigno...
aceptando el senado la traición 
que autoriza de momento hostilidades
a Viriato
-fiel al pacto-
y quién sabe los porqués
de un caudillo tan ingenuo.
Tal vez le fallló toda su gente
cansados de la guerra interminable
muy lejos de otros tiempos más felices
casi sin recuerdo, y tanto muerto...

XVII
Servilio Cepión tornó a la guerra
tomó Arsa en la Beturia
cayendo al fin y siempre igual
en manos invasoras y a traición.
El cónsul insaciable y ambicioso
marchó tras Virato y tras sus gentes
que supieron despistar a los malvados.
Puestos a salvo los guerreros y seguros
Viriato por si silo se escapó
tan limpiamente y raudo
que imposible fue saber 
pro qué punto cardinal había partido.

De Servilio Cepión solo os diré
que agricultor de vientos
tan solo recogía tempestades de miserias
bien plantadas
en continuo complejo de ridículo.
Se carcomía por dentro los vaciles
de su gente principal...
a punto estuvo de morir quemado
por vengarse del choteo continuo de los suyos
y a más los caballeros dirigentes
a los que mandó a por leña con sadismo
por ver su miedo reflejado en odio.
El honor de los mandados al peligro
-pues eran tierras controladas por los hombres de Viriato-
pudo más que el propio miedo
y aunque nada ocurrioles
si pudo pasarle al malandrín 
quie si no sale por pies
muere quemado en su propio encargo.

De un personaje así puede esperse todo
pues dice el refrán que Dios los cría
y ahora veremos con quién.

XVIII
Viriato de nuevo organizado
más que a la lucha se prestó a la paz
mandó a sus más fieles, sus amigos
a negociar con el tirano lo imposible.

Tres eran tres
Ditalcón, Audax y Minuro
y ellos se juntan, se juntaron
al traidor Cepión que los compró
por dineros la vida del amigo
de su jefe
de su rey
dios de humildes y dador de esperanzas...
lo largaron de su patria a lo celeste
ya que el infierno lo merecen otros
más que el cielo.

Le degollaron en el primer sueño
escapando protamente los cobardes
al Cepión que les pagara su promesa
por tan triste asesinato.

Viriato no solo fue muerto por lo tres
en el fondo lo mató su propio pueblo.

Cuando se dieron cuenta los guerreros
-y dudo de sus cuentas-
del horrble crimen alevoso
llraron, no a Viriato
sino a su propia intemperie,
tal vez intuyeron que ya estaban
al viento
mejor al temporal que les llegaba.

-Dice el cronista Apiano-
"... lloraron su propia muerte
lamentando su propio mal
considerando qué peligros
les vendrían al futuro
-y también-
qué caudillo perdían."

Quemaron su cadaver en la pira
altísima
pues ahora tenían verdadero miedo
a su cuerpo asesinado.
Inmolaron muchas víctimas
les faltó valor para el suicidio colectivo.

¡Qué lejos quedaban de Numandica
y de Sagunto!
poco a poco el fuego lo absorbía
hasta que nada quedó en la pira
pues el viento recogía
-como siempre-
la semilla feraz del sacrificio
ritual.

A Viriato
lo quemaron vivo
pero así y todo pervivió más fuertemente.

Terminado el funeral combatieron entre ellos
en combate singular
por los despojos de España.

Aún es inconcluso el ritual
dos mil ciento veinte y siete años han pasado
de sucha incruenta.
Mientras otros, los intrusos saqueadores,
machacaban esta isla
llamada hasta entonces
tal vez Iberia
del río Ibero que hoy es Tinto.

Cometimos hace miles el error
de sacar de este mundo de la piedra.
Donde muere el río Tinto empezó la historia
y la ambición de poder:
allí se inventó el turismo del metal.

XXI - LA BODA DE VIRIATO
Su suegro era un rico casquivano
el muy ladino se llamaba Astolfas
quiso deslumbrar al ermitaño
y fue fustrada su intención
por el desprecio de su yerno.

Viriato en su boda
ni se lavó ni tomó asiento
a él no le valían ruegos vacíos.
Tomó panes
y la carne con sus manos
repartiola entre los suyos
comió un poco
lo justo
pidió la esposa prometida
sacrificó a los dioses
la puso en su caballo
y partió muy lejos con su amor
a la escondida montaña de Afrodita
(hoy Santa Cruz de la Sierra)
su escondida montaña de Vettonia.

La sobriedad era su riqueza 
la libertad su patria
el valor su mayor bien...
agudo en la conversación
como su ingenio simple
pues no tuvo maestro.

EPILOGO
La muerte de Viriato puso en pié
de guerral las partidas lulitanas.
Enviado Junio Bruto contra ellas
renunció a perseguirlas
y marchó a castigar a sus ciudades
mayor sería el ejecto de esta forma
y también el botín de sus soldados.

Las mujeres se lanzaron a la lucha
al lado de los hombres
siendo igual de terribles con la espada
aunque más calladas.

Muchos marcharon a la sierra
salvando sus enseres más preciados.
Bruto también les atacó
y suplicando estos
algunos fueron perdonados
a cambio de parte del botín.

Más allá del Duero llegó al Lette
el río del Olvido al Tenebrosum
donde también las mujeres armadas 
sabían morir con valentía.

Bruto llegó hasta los brácaros del norte.

Cansado y agotado de interminable guerra
decidió dar tierra la los guerreros de Viriato
al que había sucedido un nuevo jefe
Táutalo llamdo
así fundaron su ciudad, Valentia
-hoy Valencia de Alcántara-
tierra sagrada de sus antepasados
plagada de antiguos megalitos y dólmenes
que aún hoy puedes contemplar.

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